Adoración o idolatría de las imágenes

Acercamiento Teológico

Jesucristo, Hijo de Dios, salvador

A lo largo de la historia del cristianismo han existido símbolos y figuras que representaron y representan a una comunidad de seguidores de Jesús. Como es el caso de el símbolo del pez que escrito en griego koiné forman el anagrama de “Jesucristo, Hijo de Dios, salvador” o como es el caso del Crismón que se forma por la unión de dos letras también griegas, la –ji y la ro- así como otras figuras antropomorfas encontradas en las catacumbas y que se conservan hasta nuestros días como testimonio de lo que fueran, los centros de la práctica de comunidad para los primeros Cristianos.

En el siglo XVI surge con el movimiento de Martin Lutero una división con respecto a las representaciones de Dios en pinturas o estatuas. Alegando que escrituralmente las representaciones son de origen idólatra y que se alejan de las leyes de Dios (Ex 20,4-6) surgiendo así con mayor énfasis la categorización de estas dos posturas. Por una parte los iconoclastas que manifiestan que toda figura que representa a Dios es idolatría y los iconódulos que aceptan y favorecen el uso de las representaciones. Frente a este hecho surge como requerimiento que en 1563 el concilio Ecuménico de Trento en la sesión XXV manifestara:

“(…) declara que se deben tener y conservar, principalmente en los templos , las imágenes de Cristo , de la Virgen madre de Dios , y de otros santos , y que se les debe dar el correspondiente honor y veneración : no porque se crea que hay en ellas divinidad , o virtud alguna por la que merezcan el culto o que se les deba pedir alguna cosa, o que se haya de poner la confianza en las imágenes , como hacían en otros tiempos los gentiles, que colocaban su esperanza en los ídolos, sino porque el honor que se da a las imágenes, se refiere a los originales representados en ellas (…)”.

Con esto queda asentada la importancia que poseen de si las imágenes veneradas, no por poseer algún carácter divino sino por el contrario, la importancia radica por la persona a la que hace referencia dicha imagen, como también ya lo mencionaba el Concilio de Nicea frente a este paradigma (Magisterio del C.E II de Nicea VII ecuménico -contra los iconoclastas-), de este modo queda registrado para la historia de la Iglesia que las imágenes se encuentran ligadas a la Encarnación o evidencia de algún personaje o acontecimiento vivido y que forma parte de un discurso pictórico. Encarnación que toma figura a través de la imagen de Jesús en el Pantocrátor en el siglo IV con el concilio de Calcedonia donde se enseña las dos naturalezas de Jesús. Pero cabe mencionar que ya en los orígenes del Cristianismo se tenían representaciones que referenciaban la imagen de Jesús y de otras figuras representativas de la historia de salvación, pues se encuentra el testimonio en las Historia Eclesiástica con Eusebio de Cesaría del siglo III que dice así:

“(…) He visto una gran cantidad de imágenes del Salvador, de Pedro y de Pablo, que han sido conservadas hasta nuestros días (…)» libro VII, cap. 18.

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