Cómo aprender a orar

La oración es hablar con Dios, es encontrarse con un amigo al que le puedo decir todo lo que siento, que me conoce mejor que yo mismo y que me espera siempre pacientemente, un amigo que no me reprocha nada, que no me pide nada a cambio ni me exige como debo hablarle, que me escucha atento a cada cosa, me da consuelo, paz y descanso ante las situaciones que les voy presentando. Orar es un encuentro de amor hacia el amor.

Pero saber cómo orar no siempre es fácil. Los discípulos de Jesús sintieron la misma confusión. Veían a Jesús comunicarse con Dios Padre de una manera personal e íntima y ellos querían experimentar lo mismo, pues Jesús oraba con una clase de intimidad, autoridad y poder que nunca habían visto antes, «como si Dios estuviera a su lado escuchando de verdad». Así que cuando se acercaron a Jesús, como lo narra el Evangelio de Mateo, no dijeron, «Enséñanos otra oración». Dijeron: «Señor, enséñanos a orar»

El Padre Nuestro (Mateo 6:9-13) es la respuesta que nos dejó Cristo a través de esta petición de sus discípulos. Es una oración hermosa y que todo cristiano debería refugiar en su corazón y sacarla en toda oportunidad. De los propios labios de Cristo, aprendemos cómo orar, con Él aprendimos que Dios es nuestro Papá y nos ama. ¿Cuántas veces hemos rezado el Padre Nuestro sin prestar atención a toda la riqueza de esta oración?

Pidamos al Espíritu Santo esas palabras que no podamos encontrar en nuestros labios para comunicarnos con Dios, Él viene a nosotros en forma de buenos pensamientos e ideas o sentimientos pacíficos y reconfortantes. Cuando hablamos con Dios e invocamos al Espíritu Santo, podremos encontrar ideas y palabras para expresar.

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