Consejos para educar hijos Santos.

1. Mirar previamente las películas, programas de televisión, libros y música antes de exponer a tus hijos a ellos.

Esto puede parecer obvio, pero realmente requiere un esfuerzo consciente y cuidadoso de mi parte para sentarme y obligarme dolorosamente a soportar episodios de Dora la Exploradora. Aunque usted no lo crea, hay un montón de basura ahí, así que lo que pudiese parecer inocente en inicio, podría contener una serie de mensajes espirituales desastrosos para nuestros hijos. Por ejemplo, mi hija Mayor, Felicity, quería ver un episodio de My Little Pony. Como yo crecí viéndolo, me relajé y asumí que las historias imitarían lo que yo recordaba de mi infancia (esto fue imprudente de mi parte). Así que ella y yo vimos juntas un breve episodio y yo quedé horrorizada pues abundaba el culto a la magia y la superstición. Ni siquiera era un cuento de hadas almidonado o con cierto simbolismo cristiano. Era explícitamente acerca de ocultismo, el cual reconocí (afortunadamente) por mi experiencia en el estudio de los efectos nocivos del ocultismo y la Nueva Era. Después de ese episodio cambiamos calmadamente a un programa que ya había revisado y aprobado anteriormente: Veggie Tales La conclusión es esta: conocer lo que atrae a los niños de hoy y, a continuación, con prudencia, discernir con tu propio filtro espiritual lo que es apropiado y lo que no. Si no estás seguro, puedes preguntarle a un sacerdote o consultar una fuente católica confiable para obtener más información.

2. Limitar, pero no eliminar, la exposición de tus hijos al mundo real.

Es difícil, pero no meto a mis hijos en una cápsula para protegerlos de lo que está pasando en el mundo. Incluso, si les impidiera ver espectáculos inapropiados, películas, libros, etc. inevitablemente se encontrarán con algo contrario a nuestras creencias católicas cuando estén fuera de nuestro hogar. Estoy indignada por las vallas que podemos ver cuando viajamos por carretera, pero no me asusto. Si mis niñas (sobre todo Felicity) me preguntan acerca de una mujer con poca ropa en una de estas vallas, hablamos en privado acerca de la modestia y por qué es importante respetar nuestros cuerpos. Me impresioné un día cuando la lleve a un centro comercial local y se dio cuenta de una joven que llevaba el vientre descubierto y unos pantalones realmente muy cortos. Felicity se inclinó y susurró: «Mami, esa chica no está vestida con modestia». Gratamente sorprendida, le respondí «tienes razón ¿y por qué ocurre eso? Y partiendo de allí, hablamos de la importancia de cubrir nuestros vientres y piernas, porque nuestro cuerpo es privado y sagrado. Además del tema de la modestia, mis hijas están conscientes de las noticias locales y del mundo. Mi esposo y yo discutimos abiertamente temas de actualidad cuando cenamos en familia, y Felicity entiende rápidamente las señales de nuestro lenguaje corporal y nuestros tonos de voz. Ella a menudo nos hace preguntas, las cuales nos facilitan tener un diálogo abierto y honesto acerca de lo que creemos y por qué. El punto central de esto es que los niños son mucho más receptivos a la enseñanza moral de lo podemos pensar, sobre todo si empezamos formándolos espiritualmente cuando son pequeños. Para los niños pequeños es muy natural simplemente creer que Dios existe, al igual que los ángeles, la Virgen y los Santos. Mi percepción es que debemos aprovechar su deseo natural por conocer las cosas eternas cuando son todavía pequeños y no están contaminados por la influencia del mundo. Es mucho más fácil construir una sólida base católica en sus vidas si comenzamos temprano.

3. Sean un modelo de santos reales que puedan imitar.

Una de las herramientas de enseñanza más poderosas y evidentes que tenemos los padres es vivir aquello que creemos. Aunque esto se encuentra bien fundamentado por investigaciones psicológicas, es claro para cualquiera de nosotros que aprendemos más fácilmente del ejemplo. Tenemos que ser conscientes de cómo estamos viviendo porque nuestros hijos son espejos que nos reflejan a nosotros mismos, tanto en lo bueno como en lo malo. Contrario a lo que podamos pensar, los niños tienden a adoptar los actitudes y estilos de vida de sus padres por sobre los modelos culturales o tendencias de sus compañeros. Si quiero que mis hijos sean sanos emocional, física y espiritualmente, entonces tienen que verme cuidarme en esos aspectos. A veces esto implica una dosis considerable de humildad de mi parte, sobre todo cuando cometo un error y tengo que pedirles disculpas a las niñas por gritarles o perder la paciencia. Pero ellas siempre perdonan fácilmente y usualmente me abrazan con fuerza y me regalan una enorme sonrisa. La vida de todos nosotros es agitada y está llena de muchas ocupaciones, pero realmente creo que tenemos que dejar que nuestros niños sean testigos de nuestras limitaciones. A veces esto significa que tengo que decirles a las niñas que estén tranquilas para que pueda tomar una siesta, mientras que otras les explico que estoy abrumada y necesito un descanso. Luego, esto puede generar una conversación sobre nuestra debilidad humana y la necesidad y dependencia que tenemos de Dios para continuar. Educar hijos santos en este mundo hostil loca de aversión a la religión puede ser desalentador para cualquier padre. Lo sé, porque yo también estoy en las trincheras de la crianza de los niños en la primera infancia. Pero tengo que creer en dos cosas cuando todo lo demás falla y me pregunto si logré hacer algo bien como madre: Una es que los padres reciben una gracia especial de Dios para criar a sus hijos y la otra es que la gracia de Dios compensa mis faltas como padre. Todo lo que necesitamos es pedir a Dios la sabiduría para guiar a nuestros hijos a la santidad y agradecerle por llenar los vacíos que hemos ido dejando.

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