Cosas que NO DEBES hacer para que tu hijo regrese a la Iglesia

Si quieres que tu hijo regrese a la Iglesia Católica, veamos estas tres cosas que NO DEBES HACER ni usar en ningún momento. Cada uno de estos errores crearán una barrera entre tu hijo y su regreso a la Iglesia.

(Para ser claros, cuando decimos hijo en este artículo, se refiere principalmente a jóvenes adultos, no a adolescentes)

1. Oblígarlo a ir a Misa.

¿Contra intuitivo? Seguro. Pero si quieres tener un progreso perdurable con tu hijo, ir a Misa debería ser la última pieza del rompecabezas, no la primera. Es el destino final, el fruto y consecuencia de una relación personal con Jesucristo, no la causa de la misma.

Primero debes colocar otros bloques de construcción antes de que la Misa pueda beneficiar el alma de tu hijo.

«Si alguien viene a Misa, en contra de su voluntad y sin prepararse, él está entonces en gran peligro de contraer una enfermedad espiritual. Mientras nuestra intención sea solamente llevar a gente a Misa, si eso es todo lo que estamos tratando de hacer, si ningún paso intermedio, es probable que estemos causando que su enfermedad se agrave, desde una perspectiva espiritual».

Así que la próxima vez que te veas tentado a empujar e incitar a tu hijo a ir a Misa, incluso cuando sabes que él se resiste profundamente, abstráete un poco de hacerlo. No lo obligues, y no le reiteres que el no ir a Misa es un pecado mortal, es verdad, pero de muy poca ayuda en esta etapa. Planta otras semillas primero. Esta es una de las peores cosas que NO DEBES hacer para que tu hijo regrese a la Iglesia.

2. Criticar su estilo de vida.

Comenzar con mandamientos morales es usualmente poco producente con los jóvenes. Si lo primero que tu hijo escucha es «deja de hacer eso» o «cambia tu vida» o «termina esa relación», te ignorará rápidamente.

Nunca tendrás oportunidad de hacer un caso más convincente para su regreso a Dios y a la Iglesia. Esto no significa que debas simplemente observar en silencio y pasivamente como tu hijo toma malas decisiones. Por el contrario, significa que tu primer acercamiento debe estar marcado por la sutileza y la paciencia, no el criticismo.

La mayoría de los jóvenes hoy en día creen en algo llamado «deísmo terapéutico moralista» que pone un fuerte enfoque en lo que se debe y no se debe hacer de acuerdo a la fe (de ahí el término «moralista»). Pero como padre, tu meta no es sólo la mejora moral o la modificación del comportamiento.

Tu meta es la reversión, atraer a tu hijo a una próspera relación con Jesús en su Iglesia. Una vez que hayas logrado eso, los cambios morales se darán inevitablemente a continuación.

Pero seamos honestos: esto no es fácil. Esto requiere que te muerdas la lengua muchas veces cuando sientes la urgencia de reprender a tu hijo, pues sabes que probablemente el hacerlo lo vaya a alejar aún más.

3. Fastídiarlo.

Muchos padres fastidian, molestan y hostigan a sus hijos, incluso cuando ya son adultos, para obligarlos a que vayan a la iglesia o cambien su estilo de vida. Estas estrategias casi nunca funcionan y, de hecho, tienen el efecto opuesto: muchas personas permanecen alejadas de la Iglesia Católica adrede, sólo porque sus padres les insisten sobre esto.

Así que comprométete ahora mismo a dejar de hacer preguntas como «¿Por qué nos estás haciendo esto?» o «¿Cuándo vas a dejar de ser tan perezoso y regresar a la iglesia?».

Es casi imposible que tu hijo sienta tu dolor completamente o que sepa cuán desesperadamente deseas que él regrese a la Iglesia. Así que no vale la pena gastar energías en fastidiarlo o sofocarlo intentando que se sienta culpable.

Aún peor que fastidiarlo en general, es fastidiarlo de una manera pasiva-agresiva.

San Juan Pablo II, tal vez el evangelista más efectivo del siglo XX, resumió una mejor y alternativa estrategia. Él dijo simplemente

«La Iglesia propone, ella no impone nada».

Los padres que han atraído exitosamente a sus hijos de regreso a la Iglesia no fastidian o imponen la religión en sus hijos. Todo lo contrario, ellos los invitan, gentil y respetosamente, a través de conversaciones afectuosas y amor incondicional.

No caigas entonces en estas cosas que NO DEBES hacer para que tu hijo regrese a la Iglesia. No te quejes de las deficiencias de tu hijo, invítalo a algo mejor. Propón, pero no impongas.

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