Cosas que no salen

Ponemos en marcha un buen propósito: visitar a un enfermo, dedicar tiempo a alguien que vive solo, promover una colecta para ayudar a personas necesitadas.

Luego, un obstáculo, y otro, y otro. Llegamos al hospital fuera de las horas de visita y no nos dejan entrar. Cogemos aire frío. Llegamos a casa con algo de calentura. Cancelamos los otros propósitos.

Una voz interior susurra, de modo sincero pero algo malicioso: ¿para qué buscas complicaciones? ¿No puedes hacer cosas buenas desde un sofá, con la pantalla encendida de tu computadora?

La voz sigue adelante: además, mira cómo han salido las cosas. No solo no realizaste un buen propósito, sino que ahora ni siquiera puedes atender algunos deberes ordinarios. Quizá respondamos a esa voz que, si empezamos a pensar en todas las cosas que puedan ocurrirnos, al final no moveríamos un dedo para ayudar a otros, incluso para atender las necesidades mínimas de nuestro cuerpo y nuestra alma…

Esa respuesta puede tranquilizarnos un poco. Pero no termina de resolver esa pregunta que tantas veces nos hacemos: ¿por qué hacer el bien resulta tan difícil, incluso contraproducente en algunos casos?

No es fácil responder. La vida parece muchas veces una carrera de obstáculos. Miles de proyectos terminan ahogados ante el primer salto fallido. Y un sentimiento de frustración llena el alma de tantas personas. Seguramente habremos oído que para lograr un éxito antes hay que fracasar muchas veces. Nos gustaría que las cosas no fueran así. Pero cuando un asunto no sale como habíamos planeado, quizá sea el momento de preguntarnos qué significan las derrotas y cómo afrontarlas serenamente.

Con la ayuda de Dios, y desde la aceptación de hechos difíciles pero que tienen su sentido, empezaremos a ver las situaciones de otra manera. Aumentará nuestra paciencia. Nos levantaremos ágilmente tras una caída. No nos rendiremos ante ese fracaso. Buscaremos nuevos caminos para ser más eficaces. Y llamaremos al hospital antes de salir de casa para preguntar cuál es el horario de visitas los domingos…

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