Coservar el ambiente del planeta

Cualquier acción humana implica la búsqueda de algún bien. Todo lo que se propone y se hace para conservar el ambiente del planeta tierra sigue ese criterio fundamental característico de la vida ética. En ese contexto surge la pregunta: ¿en qué sentido o por qué es un bien conservar el ambiente, proteger los ecosistemas, invertir para la mejora del aire, detener los cambios climáticos? Las respuestas a esa pregunta serán diferentes según las perspectivas que cada uno adopte. Para unos, proteger el ambiente es algo bueno porque resulta necesario para la conservación de la vida. Para otros, conservar el ambiente es un deber ético porque no podemos alterar lo que un proceso cósmico y evolutivo de milenios nos ha dejado como herencia para nuestra generación y para las generaciones futuras. Seguramente hay otras respuestas. Entre ellas, destaca un aspecto común: apreciar la vida como un bien en sí mismo. Por eso, lo que hagamos por conservarla sería algo bueno, justo, necesario. Surgen entonces nuevas preguntas que muestran la complejidad del tema: ¿hablamos de la vida en general o de cada uno de los vivientes en particular? ¿Qué valor puede tener un viviente concreto, destinado a morir, en relación con la esperanza de que otros vivientes le sucedan a lo largo de un periodo de tiempo más o menos indeterminado? Además, ¿cambiaría todo el panorama si llegase el momento, que esperamos llegue dentro de muchos miles de años, en el que nuestro planeta fuera destruido o dañado gravemente por fenómenos astronómicos fuera de nuestro control? Sin pensar en algo tan dramático, podríamos preguntarnos: ¿qué sentido tiene trabajar por el ambiente si explotase en la tierra alguna extraña infección que destruyese a todos los seres humanos en un tiempo más o menos breve? Esas y otras preguntas muestran cómo la vida, que tanto apreciamos, carece de garantías de continuidad en nuestro planeta, pues factores internos o externos, incluyendo actividades humanas (basta con imaginar las terribles consecuencias de una guerra nuclear) la amenazan seriamente. A pesar de todos esos problemas, los esfuerzos por conservar el ambiente buscan un bien importante, porque creemos que la vida o, mejor, que los vivientes, tienen valor en el conjunto del universo. Y porque también creemos que vale la pena justificar ese valor a la hora de promover acciones que sean eficaces, en la medida de lo posible, para tutelar tales vidas ante peligros presentes o futuros.

Gn 8:22  «Mientras el mundo exista, Habra siembra y cosecha; hara calor y frio, Habra invierno y Verano y dias con sus noches»

Dejá tu comentario

Si te Gusto esta Publicación... Coméntanos...

Tu dirección de Correo NO será Publicada


*