Dejemos de buscar culpables

Vivimos una realidad innegable, la violencia ha ido en aumento en los últimos días, lo que ha traído temor e incertidumbre, además, todos los medios existentes se pelean para presentar la noticia más llamativa, que, de por sí, no requiere de ayuda para ser escandalosa.

Ante este escenario tan desolador, se levantan distintas voces buscando un culpable. Es cierto que el gobierno tiene la encomienda de preservar la paz y mantener el estado de derecho intacto, sin embargo, el daño es más profundo y, desafortunadamente, tiene su raíz en la familia, lugar en el que nacemos todos y aprendemos los principios básicos para convivir en sociedad.

Porque, hay que recordar que, incluso la gente dedicada al crimen proviene de una familia en la que, seguramente, hubo ausencia de valores, por ello, cuando cometen delitos y siembran el caos, lo primero que hacemos es buscar culpables, señalando de inmediato a nuestros gobernantes, quienes, ciertamente, tienen parte de responsabilidad, pero seguirán obteniendo escasos resultados mientras que los padres de familia no asuman su propia responsabilidad de educar a sus hijos como personas, es decir, conscientes de sus derechos, pero también de sus responsabilidades y obligaciones.

Así pues, seamos sinceros con nosotros mismos y tomemos la parte que nos corresponde en el daño que se ha hecho en el tejido social, eduquemos cristianamente a nuestros niños, adolescentes y jóvenes y demos al mundo ciudadanos de bien, porque, de no hacerlo así, nunca saldremos de este círculo vicioso que nos mantiene atados a la violencia y la descomposición del género humano.

Tenemos mucho qué hacer, el mundo es nuestro y debemos sanarlo para que nuestros descendientes reciban un mundo seguro donde vivir.

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