Despejemos nuestra mente y nuestro corazón

Estoy segura de que, a estas alturas, todos vivimos en una paradoja: ya estamos cansados del descanso, porque no estamos en la misma situación que cuando llegan las vacaciones, tan deseadas por todos, y de la cuales tenemos la certeza de que sólo durarán dos semanas y volveremos al trabajo y a la escuela, como siempre nos ha pasado, por eso el sentimiento es que se prolonguen lo más que se pueda, debido a la seguridad que nos brinda la rutina.

Pero ahora que tenemos que estar en confinamiento forzoso y con incertidumbre, porque no sabemos hasta cuándo se reanudarán las actividades, el escenario que se presenta ante nosotros es desolador, las cifras del estrés y violencia intrafamiliar lo comprueban, pues algunas fuentes en la red, citando a especialistas en psiquiatría, hablan de este fenómeno como “síndrome de cuarentena”, que consiste en “la manifestación de ansiedad, temor, agresividad, apatía o incredulidad”. Y que se ve agravado por el distanciamiento social, que es el aislamiento que debe mantenerse respecto a las demás personas, el cual puede detonar en consumo de drogas, tabaco o alcoholismo.

Y, si a eso le mezclamos la ignorancia, tenemos como resultado los casos indignantes que se han presentado en algunos puntos del país, como los ataques con cloro hacia algunos médicos y enfermeras. O el de un joven que, al platicar su experiencia como contagiado en un medio de comunicación, se ha visto discriminado por los vecinos que impidieron la entrada a sus amigos que le llevaban agua y comida.

Definitivamente, necesitamos trabajar en nuestras actitudes, entender que esta situación es pasajera y que pronto volveremos a la normalidad, pero es imprescindible que todos pongamos nuestro granito de arena para que sea posible. Mas bien, es tiempo de recordar lo bueno que tenemos en nuestra vida y alejar los pensamientos pesimistas, pues nada más aumentan nuestra angustia y pueden provocar tensiones entre los miembros de la familia.

Una manera muy eficaz para relajarnos es hablar con las personas. El diálogo permite desahogarse y mantiene la mente alejada de los problemas, sobre todo si se pone a trabajar en recuerdos bonitos. En mi caso, evoco los juegos que teníamos mis hermanos y yo con mis papás durante mi niñez, cuando ocasionalmente se iba la luz. Era la época en la que solo había televisión para entretenernos antes de ir a dormir, así que, aprovechábamos para jugar a las “escondidas”, en lo que se restablecía la energía eléctrica.

Platicar nuestras experiencias nos llena el corazón y provoca que, sustancias como las endorfinas, se liberen en nuestro organismo, dando una agradable sensación de bienestar y felicidad.

Otra forma es llamar por teléfono a personas con las cuales hace tiempo no tenemos comunicación o con las que hemos postergado ese “telefonazo” por cuestiones de tiempo. Ahora que la gran mayoría tiene celular, es buena idea restablecer contacto con la gente que es importante en nuestra vida y ponernos al día.

Hablar es una buena terapia, y, por supuesto, también lo es alejarse por un buen rato de las redes sociales porque están invadidas de sobreinformación que, muchas veces, resulta ser falsa. Por salud, despejemos nuestra mente de la basura virtual.

Y, por supuesto, hagamos ejercicio del corazón, ¿cómo? Vienen tiempos difíciles, pues la falta de trabajo ha provocado que mucha gente que vive al día no tenga manera de llevar el sustento a sus casas. La tristeza los invade y, si tenemos la posibilidad, podemos ayudar a que sus penas sean menos, compartiendo lo que tenemos con ellos. Ciudadanos conscientes de esta realidad se han organizado en distintas ciudades para reunir alimentos y distribuirlos entre los más necesitados.

También Cáritas Diocesana, organismo de la Iglesia Católica que, en ocasiones de emergencia como la que estamos viviendo, se dedica a hacer llegar esos apoyos, está redoblando esfuerzos para no abandonar a los hermanos en desgracia. En Celaya, su centro de acopio está temporalmente en la parroquia de la colonia Valle Hermoso, pero en cada Diócesis labora una oficina.

Aprovechemos esta oportunidad y demos a nuestra alma un buen alimento espiritual, pues nada hay más grato para el corazón que apoyar al prójimo. Y si lo acompañamos de oración, será el remedio excelente.

¡Ánimo!, confiemos en que pronto pasará esta situación y preparemos nuestra mente y corazón para reanudar nuestras actividades con una actitud distinta. Después de esta dura experiencia, tenemos la responsabilidad de aprender para ser mejores personas, no podemos quedarnos igual.

Filipenses 4:13 «Todo lo puedo en cristo que me fortalece»

Dejá tu comentario

Si te Gusto esta Publicación... Coméntanos...

Tu dirección de Correo NO será Publicada


*