El Milagro Más Grande

Cada vez que participamos en la Misa presenciamos el milagro más grande «La Misa es el sacrificio de Jesucristo»

En la Misa que todos los participantes celebramos, hay una parte central que es el Canon y, dentro de él, está la Consagración, es decir la palabras que pronuncia el Sacerdote, repetición exacta de las palabras de Jesucristo en la última cena, por las que ocurre la «transubstanciación». Es decir, la conversión del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesucristo (Catecismo Iglesia Católica n. 1353 y 1375).

Esa separación del pan y el vino que se ven, significan la separación del cuerpo y la sangre de Cristo que no se ven, o se ven bajo la substancia (el aspecto, la apariencia) del pan y del vino.

Esa separación, significa, es signo sensible, es sacramento, de la muerte de Cristo en la Cruz, anunciada en la última cena.

Jesucristo que permanece verdadera, real y substancialmente presente en el altar.

Por eso la Misa es el mismo sacrificio de Cristo en la cruz que se realiza de forma incruenta, bajo signos sensibles, y se renueva y se hace presente (se traslada en el espacio y en el tiempo).

Es el gran acto de amor cósmico, como lo llama el Papa Francisco.

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