Emociones, la enfermedad del siglo

Cada año, el mundo se sorprende con la aparición de enfermedades nuevas. Hace unos días, nos daban la noticia de que China se había infectado con el “coronavirus”, y, como era de esperarse, los memes circularon a gran velocidad por el internet, aludiendo a una bebida alcohólica, sin embargo, si bien, en nuestro territorio geográfico no se ha confirmado ningún caso, es cierto que en el país asiático se ha convertido en motivo de alarma y crisis sanitaria, reportándose miles de infectados y decenas de muertos.

Por supuesto, aunque a nuestro país no le alcanzara la rara enfermedad, se ha suscitado mucho temor y un sinnúmero de especulaciones sobre si tendríamos los medios necesarios para enfrentar una epidemia. Dios nos libre de tal caso.

No obstante, a pesar de que hay que estar alerta con las enfermedades del cuerpo, es con las del alma con las que tendremos que lidiar en los próximos años.

Es así que, términos como autocontrol, habilidades sociales y empatía son utilizados en el campo empresarial para referirse a las cualidades que los líderes de las compañías deben manejar para lograr sus objetivos, pero se relacionan directamente con sus colaboradores, a quienes deben saber guiar, impulsar, corregir, motivar y mantener contentos en su ambiente laboral.  Sin embargo, para lograrlo, el líder debe poseer una alta dosis de inteligencia emocional, la cual se ha estudiado desde 1920, y, a través de investigaciones de muchos estudiosos, actualmente se ha convertido en un área del conocimiento de las ciencias sociales sumamente socorrido, popularizado especialmente por el estadounidense Daniel Goleman.

Goleman menciona en sus estudios que las características de la llamada inteligencia emocional son: la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de aplazar las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y la capacidad de empatizar y confiar en los demás.

Es, entonces, mantener un saludable equilibrio entre las emociones y la razón, ya que si el cerebro no las controlara, todo el tiempo actuaríamos impulsivamente, y por el contrario, si no tuviésemos emociones, el cerebro pensante sería incapaz de tomar decisiones.

acudamos sin miedo al que todo lo puede, porque hay enfermedades que sólo Dios puede curar.

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