¿Matrimonio, celibato o sacerdocio?

Vocación… un tema que tarde o temprano llega a ocupar nuestro corazón. ¿Cuál será la mía? Cuando uno lleva algún tiempo haciendo vida de oración, conociendo al Señor, tratándole, entablando una amistad sincera, hasta ir enamorándose de Él, aparece cierta inquietud: ¿a qué me llamas Señor?, ¿qué puedo hacer por ti, Jesús?

Hay muchas otras preguntas similares que se dan en algún momento del recorrido espiritual: ¿para qué existo?, ¿cuál es mi proposito aqui, en la tierra, en este lugar, con estas personas?, ¿será que Dios me pide un poco más?, ¿cómo puedo demostrar a Dios que quiero jugarme la vida por Él?, ¿cómo puedo tener una relación más seria, más honda, con Él?, ¿para qué me necesita…? 

Estas son algunas de las muchas preguntas que aparecen de repente, de a poco, y luego como en cascada. De una pequeña inquietud, está se vuelve la gran ocupación de nuestra mente y el tema de todos los ratos de oración. Nos «preocupa», porque sabemos que definirá el resto de nuestras vidas. 

El discernimiento vocacional

Conozco varias situaciones de discernimiento vocacional. He escuchado tantísimas experiencias distintas, por lo que estoy convencida de que cada llamada es particular. Por esto, puedo decir que Dios es el mejor escritor que he conocido: se ingenia para escribir las mejores historias de amor, con vuelcos inesperados y cambios radicales.

Como digo, cada alma es única y a cada una Dios llama de una manera distinta. Pero algo que encuentro en común en muchas de estas vidas es que las personas que se topan con este tipo de inquietud, quieren profundizar en la misma.

Ya sea hablando con más frecuencia con un director espiritual, preguntando y escuchando cómo otras personas respondieron a sus vocaciones. Alargando los ratos de oración, poniendo más ahínco en el apostolado… en síntesis, buscando la mejor manera de escuchar con mayor claridad la voz de Dios. 

Y hoy puedo asegurarlo, el que busca, encuentra. Él no se oculta, al contrario, se hace el «encontradizo». O como dice el papa Francisco, «primerea».

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