¿Mi matrimonio lo siento ungido, sellado? ¿Somos Sal y luz para los demás?

 

«La proclamación del Evangelio es decisiva, no hay escalas, debemos decir sí o no al Evangelio. Cualquier intento de ofrecer una respuesta matizada al Evangelio te llevará a buscar seguridad artificial, como es el caso de la casuística», así se expresó el Santo Padre en la capilla de la Casa Santa Marta el martes por la mañana, acompañado de miembros de un grupo de cardenales asesores que están trabajando para reformar el aparato central del gobierno de la Iglesia.

 

 

 

 

 

 

 

 

En observaciones tras las Lecturas del Día, el Santo Padre se centró en el llamado de Cristo a todos los fieles a ser sal y luz en y para el mundo.
El Espíritu Santo nos lleva al testimonio cristiano.

Estas palabras, propuestas por la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios, y destacadas por el Papa Francisco en sus reflexiones indican el poder del Evangelio que conduce a atestiguar e incluso glorificar a Dios.

En este «sí», encontramos todas las palabras de Dios en Jesús, todas las promesas de Dios. Jesús, todo lo que se ha prometido, lo ha cumplido y por esta razón Él es la plenitud.

En Jesús no hay «no»: siempre «sí», para la gloria del Padre. Pero nosotros también compartimos este «sí» de Jesús, porque Él nos ha dado la unción, él nos ha impreso el sello, nos ha dado el depósito de seguridad del Espíritu.

Participamos porque estamos unidos, sellados y tenemos en nuestras manos esa seguridad, el depósito de seguridad del Espíritu, que nos llevará al «sí» definitivo y también a nuestra propia plenitud.

También, ese mismo Espíritu nos ayudará a ser luz y sal, es decir, es el Espíritu el que nos lleva a dar el testimonio cristiano. Todo es positivo, y ese testimonio cristiano, es sal y luz.
Los que esconden la luz llegarán a la corrupción

Luz para iluminar, y cualquiera que oculta la luz va en contra del testimonio, refugiándose en el «sí» y un poco de «no».

Estos, tienen la luz, pero sí no la dan, no la hacen brillar o no permiten que la luz brille, no glorifican al Padre que está en el cielo. Al mismo tiempo, si tienen, pero la toman para sí mismos y no la comparten, llegarán a la corrupción.
Los cristianos deben ser sal y luz.

«Sí» y «no»: palabras decisivas, como el Señor nos ha enseñado, todo lo extra viene del maligno. Da la seguridad y el testimonio que el Señor ha confiado a la Iglesia y a todos nosotros los bautizados.

La seguridad en la plenitud de las promesas en Cristo: en Cristo todo se cumple.

Testimonio a los demás: un don recibido de Dios en Cristo, que nos dio la unción del Espíritu para que podamos ser testigos.

Esto es lo que es ser cristiano: iluminar, ser de ayuda en ver que tanto el mensaje como el pueblo no sean corrompidos, preservar como la sal. Pero si la luz se oculta, si la sal se vuelve insípida, sin fuerza, si se debilita, el testimonio será débil.

Esto es lo que sucede cuando no acepto la unción, cuando no acepto el sello, cuando no acepto ese depósito de seguridad del Espíritu que está en mí. Y esto se hace cuando no acepto el «sí» en Jesucristo.

La proposición cristiana es bastante sencilla, pero decidida y hermosa. Da mucha esperanza.

Pregúntense: ¿Soy luz para los demás? ¿Soy la sal para los demás, esa sal, que insiste en la vida y la defiende la corrupción? ¿Me aferro a Jesucristo, quién es el «sí»? ¿Me siento ungido, sellado? ¿Sé que tengo la seguridad de estar lleno de Espíritu en el Cielo, pero al menos está conmigo ahora como un pago inicial?
El cristiano está lleno de luz cuando glorifica a Dios.

En el lenguaje cotidiano, cuando una persona está llena de luz, decimos que esa persona es de una disposición soleada. Estamos acostumbrados a decir:

«Ahí va alguien con una disposición soleada».

Esto puede ayudarnos a entender. Esto es aún más que una disposición soleada. Este es el reflejo del Padre en Jesús en quien se cumplen todas las promesas. Este es el reflejo de la unción del Espíritu que todos tenemos.

¿Por qué esto es así? ¿Por qué recibimos esto? Pablo nos dice:

«Por eso, el Amén de nosotros también va a través de Cristo a Dios para gloria».

Y Jesús dijo a los discípulos:

«Tu luz debe brillar sobre los demás, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a nuestro Padre Celestial».

Así es la vida del cristiano. Pidamos esta gracia de aferrarnos, arraigarnos en la plenitud de las promesas en Cristo Jesús que es el «sí», y traer esta plenitud con la sal y luz de nuestro testimonio a otros para dar gloria al Padre que está en el cielo.

Papa Francisco, homilia en Santa Marta. 13 de junio de 2017 | Información vía: Radio Vaticana

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