Papa Francisco: Cuidado con el demonio. El espíritu del mal jamás se cansa

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El demonio, (o los demonios), como seres espirituales, pueden tener la capacidad de tomar posesión de un cuerpo físico, siempre y cuando tengan la oportunidad de hacerlo o se le abran puertas para ellos.

La posesión demoníaca se produce cuando el cuerpo de una persona queda completamente controlado por un demonio. Esto no debería sucederle en ningún momento a un hijo de Dios, ya que «el que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios, y Dios permanece en Él» (1 Juan 4,15), y donde está Dios, no hay demonio que entre.

Pero hay que ser vigilantes siempre en nuestro corazón, porque el demonio es astuto y puede hacernos caer de maneras en que menos lo imaginamos.

En uno de los mensajes de reflexión dado una de sus homilías de la Santa Misa que celebra en la capilla de la Casa Santa Marta, en la ciudad del Vaticano, el Papa Francisco indicó:

«Tenemos que saber discernir las situaciones, lo que viene de Dios y lo que viene del maligno que siempre trata de engañar, de hacernos elegir un camino equivocado»

El Papa Francisco, se centró en aquel capítulo del Evangelio (Lc 11,15-26), en el que Jesús echa a un demonio, hace el bien, está entre la gente que lo escucha y quienes reconocen su autoridad, pero hay otro grupo que lo acusan. A continuación te invitamos a meditar sus palabras:

Había un grupo de personas que no amaba a Jessús y siempre trataba de interpretar sus palabras y sus actitudes de modo diverso, contra Jesús. Algunos por envidia, otros por rigideces doctrinales, otros porque tenían miedo de que fueran los romanos e hicieran una matanza; por tantos motivos trataban de alejar del pueblo la autoridad de Jesús, incluso con la calumnia, como en este caso.

«Él echa a los demonios por medio de Belcebú. Él es un endemoniado. Él hace magias, es un brujo. Y continuamente lo ponían a prueba, le ponían delante una trampa, para ver si caía».

Cuidado con lo que viene del demonio

Tenemos que saber discernir las situaciones, lo que viene de Dios y lo que viene del demonio que siempre trata de engañar, de hacernos elegir un camino equivocado.

El cristiano no puede estar tranquilo, pensar que todo va bien, debe discernir las cosas y mirar bien de dónde vienen, cuál es su raíz.

Y después está la vigilancia, porque en un camino de fe las tentaciones vuelven siempre, el mal espíritu jamás se cansa.

El demonio regresa más fuerte

Si ha sido expulsado, el demonio tiene paciencia, y espera para volver y si se lo deja entrar se cae en una situación peor.

De hecho, antes se sabía que era el demonio el que atormentaba. Después, el maligno está escondido, viene con sus amigos muy educados, llama a la puerta, pide permiso, entra y convive con aquel hombre, su vida cotidiana y, gota a gota, da las instrucciones.

Con esta modalidad educada el diablo convence a hacer las cosas con relativismo, tranquilizando la conciencia:

Tranquilizar la conciencia. Anestesiar la conciencia. Y esto es un gran mal. Cuando el mal espíritu logra anestesiar la conciencia se puede hablar de una verdadera victoria suya, se convierte en el dueño de aquella conciencia.

¡Y esto sucede por doquier! Sí, pero todos, todos tenemos problemas, todos somos pecadores, todos… Y en el «todos» está el ninguno. «Todos, pero yo no». Y así se vive esta mundanidad que es hija del mal espíritu.

Dicernimiento y Vigilancia

Recordemos entonces estas dos palabras:

Vigilancia: La Iglesia nos aconseja siempre el ejercicio del examen de conciencia: ¿qué ha sucedido hoy en mi corazón, hoy, por esto? ¿Ha venido a mí este demonio educado con sus amigos?

Discernimiento: De donde vienen los comentarios, las palabras, las enseñanzas, ¿quién dice esto? Discernir y vigilancia, para no dejar entrar a aquel que engaña, que seduce, que fascina. Pidamos al Señor esta gracia, la gracia del discernimiento y la gracia de la vigilancia

 

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