Papa Francisco reza por los que sienten miedo por el coronavirus

«Oremos por las muchas personas que no están logrando sobrellevar y permanecen en el miedo a causa de la pandemia de coronavirus. Que el Señor les ayude a tener la fuerza para hacer frente por el bien de la sociedad y de toda la comunidad», esta fue la intención del Papa Francisco para la misa que celebró en la Casa Santa Marta, continuó.

El Papa Francisco realizó una reflexión sobre el Salmo 23. Lo aplicó a las dos mujeres presentadas en las lecturas del quinto lunes de Cuaresma: Susana y la mujer sorprendida en adulterio de la que habla el Evangelio de hoy (Daniel 13; Juan 8:1-11).

El Papa Francisco comenzó su homilía recitando la primera mitad del Salmo 23, el Salmo Responsorial del día:

«El Señor es mi pastor nada me faltará»

Experimentar la presencia del Señor.

Tanto Susana como la mujer sorprendida en adulterio experimentaron la presencia del Señor en el valle oscuro. La inocente Susana había sido falsamente acusada, la otra había cometido un pecado. Ambos tenían una sentencia de muerte sobre sus cabezas.

Los Padres de la Iglesia vieron una figura de la Iglesia en estas mujeres: santa pero con hijos pecadores. Ambas mujeres estaban desesperadas. Susana confía en el Señor.

Cuidarse de caer en manos de hipócritas y corruptos.

El grupo de jueces ante Susana y los doctores de la ley de los que hace mención el Evangelio, ambos grupos tenían posiciones en la iglesia. Los que condenaron a Susana eran corruptos; los que condenaron a la mujer sorprendida en adulterio eran hipócritas

Una mujer cayó en manos de los hipócritas, la otra en manos de los corruptos. No había ninguna salida. Ambas mujeres estaban en un valle de oscuridad… dirigiéndose hacia la muerte.

La primera mujer (Susana), se encomienda explícitamente al Señor, y el Señor intervino. La segunda (la mujer adúltera) sabe que es culpable. Está avergonzada delante de todo el pueblo… El Evangelio no lo dice, pero seguramente ella estaba rezando en su interior, pidiendo algún tipo de ayuda.

La intervención de Dios.

Tanto los hombres como las mujeres reciben la intervención de Dios. El Señor justifica a Susana y perdona a la mujer adúltera.

Condena a los corruptos, ayuda a los hipócritas a convertirse. No perdona a los corruptos, simplemente porque el corrupto es incapaz de pedir perdón… Los corruptos están seguros de sí mismos, destruyen y siguen explotando a la gente… Se ponen en el lugar de Dios.

El Señor responde a las mujeres. Libera a Susana de los hombres corruptos…. Al otro le dice: «Tampoco yo te condeno. Vete, y no peques más».

La lección de la misericordia de Dios.

En el caso de Susana, el pueblo alabó a Dios. Los presentes con Jesús y la mujer sorprendida en adulterio aprenden sobre la misericordia de Dios. Son lecciones que todos debemos aprender porque cada uno de nosotros tiene su propia historia, nuestros pecados personales. Si no reconocemos nuestros propios pecados, entonces eres corrupto.

Miremos al Señor, que hace justicia, pero que es extremadamente misericordioso… Que cada uno de nosotros, viendo cómo actuó Jesús en estos casos, nos encomendemos a la misericordia de Dios y oremos, confiando en la misericordia de Dios, pidiendo perdón, porque Dios «me guía por el camino correcto». Él es fiel a su nombre.

Si yo caminara en el valle de la oscuridad, el valle del pecado, no temería ningún mal. Tú estás allí con tu cayado y tu bastón; con esto me das consuelo.

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