Pongamos atención a lo que verdaderamente importa

Estos días de paro de laboral involuntario han traído muchos sentimientos encontrados, desde miedo hasta aburrimiento, porque todos hemos vivido de distinta manera esta contingencia sanitaria, la que, para unos ha sido signo de desesperanza, para otros tantos ha sido una oportunidad de reencuentro con el tiempo que, debido al acelerado ritmo de vida que llevamos, decimos no tener para realizar actividades que hemos postergado durante días, meses o quizá años. Aunque lo más interesante será destacar que las familias han tenido que verse de cerca y quizá, rescatar la comunicación que se había dejado en el olvido ante el activismo extremo.

Por eso, hay que volver la mirada hacia la reflexión que, necesariamente, surge de este evento, del que todos coincidimos que nunca nos había tocado vivir algo semejante a nivel mundial. A lo mejor les pasa que, como entre sueños, recordamos que en el 2009 hubo una epidemia de influenza AH1N1, que trajo como consecuencia la pérdida de negocios y empleos porque el turismo, una de las fuentes más importantes de ingresos para nuestro país, dejó de visitarnos por temor a contagiarse.

Apenas recordamos que se suspendieron les celebraciones en las iglesias porque fue por poco tiempo, si embargo, el daño a la economía fue grande. No obstante, quedó en una situación local, por lo que pudimos recuperarnos y regresar a la normalidad. Precisamente por este antecedente, es necesario que ahora hagamos conciencia de lo que ocurre para dar a cada cosa su justo valor. Aunque originalmente el gobierno planeaba que el aislamiento durara hasta el 19 de abril, actualmente no se sabe si se extenderá ese plazo, todo dependerá de los casos que se presenten y si se logra evitar que el virus se siga propagando. La noticia no nos cae bien, pero debemos encontrar el lado positivo, pues es necesario que adaptemos nuestra vida a estas medidas y sacar provecho del encierro.

Por ejemplo, los que tienen niños y adolescentes, pueden reforzar alguna área del conocimiento que les cueste más en la escuela, leer en voz alta, jugar con juegos de mesa, encargarles tareas domésticas de acuerdo a su edad, hacer ejercicio, pero, lo más importante, comunicarse entre todos, platicar, planear proyectos para realizar juntos, anotando qué requerirán y los pasos a seguir para por lograrlos. Es un momento privilegiado en el que podemos compartir sueños y fomentar respeto por lo que piensa el otro. Creo que este es un tiempo para aprovechar como familia para conocerse, limar asperezas e interesarse verdaderamente en lo que le gusta a los demás, entenderse, cultivar la paciencia, reflexionando que esta situación pasará pronto y que debe dejarnos una enseñanza personal y familiar.

Porque si, al pasar esta emergencia, seguimos igual, habremos desperdiciado una oportunidad valiosa para mejorarnos.

Demos paso a las actividades físicas, mentales y espirituales, haciendo un planificador de toda la semana, anotando qué se hará en el día con su respectivo horario, ese orden nos ayudará a organizarnos mejor y a evitar el aburrimiento, involucremos a todos los miembros de la familia para hacer sugerencias y seamos creativos, así, cuando termine la contingencia, habremos logrado superar la prueba juntos, con muchas enseñanzas y planes por delante, por eso, seamos positivos y no perdamos el ánimo.

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