¿Por qué a mi? ¿Hasta cuándo tantos problemas?

¿Hasta cuándo tantos problemas?

Debemos recordar que nuestros problemas no son permanentes, algunos se transforman, otros solo duran un poco más de tiempo. Pero siempre tienen solución. Cierra los ojos, respira hondo y disfruta del paseo que es la vida y de resolver los problemas que vayan viniendo a su paso.

Para un niño, comprar un juguete es un problema. Para un adolescente, salir bien en las calificaciones del año es un problema. Para un hombre casado, pagar sus cuentas y compatir tiempo para su esposa y sus hijos, puede ser un grave un problema.

Los problemas no vienen en empaquetes o en tamaños compactos o son asignados solo a algunas personas. Los problemas varían en el tiempo, de lugar a lugar y de persona a persona.

La próxima vez que preguntes «¿Por qué a mí?» «¿Hasta cuando tantos problemas? Quiero que recuerdes una cosa: ¡No estás solo! Cada uno tiene sus propios problemas y Dios no desampara a ninguno de los que acuden a Él».

Todos tenemos problemas.

Seguramente la noche anterior no has podido dormir pensando en cómo solucionar el problema que tienes ahora mismo. Das vuelta de un lado al otro y no sabes cómo salir de eso y menos cuándo acabará.

Déjame decirte que, de la misma manera, se encuentran tus compañeros de clase, de trabajo, familiares o amigos cercanos.

Todos tenemos problemas en la casa, con los amigos, en el trabajo, en la sociedad en general, en fin. Si los problemas se convirtieran en un tesoro, todos seríamos ricos.

¿Por qué a mi? ¿Hasta cuándo tantos problemas?

¿Por qué a mí? ¿Oras y oras y parece que tu oración no es escuchada por Dios? Pareciera que no, pues los problemas empeoran y día a día se te suman más. Y la fe pronto se va debilitando hasta que te alejas de Dios.

A lo mejor estás leyendo este artículo desde una cama de enfermo, o desde tu oficina en medio de miles de actividades y regaños de tu jefe. O quizá desde la universidad y ya no puedes con la carga académica. O tal vez en tu casa en medio de los problemas económicos de la familia. O también en medio de los conflictos en tu noviazgo. Y te preguntas constantemente: ¿Hasta cuándo tantos problemas?

Pero, ¿por qué a mí?

¿Por qué a mi? es la pregunta que frecuentemente repites. Ahora te pregunto: ¿Acaso no has deseado alguna vez ser rico? ¿Recuerdas cuando arriba escribí «si los problemas se convirtieran en un tesoro, pronto serías rico?

Hoy te propongo una buena idea, a lo mejor no la perfecta, pero sí la que te ayudará a sobrellevar los problemas. En cada problema, identifica lo positivo, no es solo quedarse en ese: «¿Por qué a mí?, seguro hay algo escondido allí que puedes usar para bien.

Cada problema trae consigo un tesoro, ese que aún no has descubierto porque sigues empeñado en quejarte.

Tómate un par de minutos. Piensa. Reflexiona. Pregúntate:

«¿Cuál es el tesoro de mi problema? ¿Cuál es el lado positivo? ¿De qué me está salvando Dios?»

Muchas veces nosotros queremos que las cosas ya sucedan, que los problemas se solucionen o que simplemente no existan.

Dios sí existe y sus pensamientos no son iguales a los tuyos, ni tampoco a los míos. Su pensamiento y amor es divino, todo tiene un propósito, un tesoro.

¿Y María? Ella te ama diciéndote:

«No se entristezca tu corazón ni te llenes de angustia. ¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿Acaso no soy tu ayuda y protección? ¿Acaso no soy yo la fuente de tu alegría? ¿Qué no estás en mi regazo, en el cruce de mis brazos?».

Ánimo. Dios tiene un gran tesoro para ti en esos problemas que tanto te agobian.

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