¿QUÉ ES EL PECADO?

A• El pecado es, ante todo, una ofensa a Dios.
  1. Todos los pecados son una rebelión contra Dios.  2. Todos los pecados, como el primer pecado, son el rechazo de la voluntad de Dios.  3. A menudo los pecados son ofensas contra otro ser humano, pero debido a que Dios nos manda amar al prójimo, el pecado es siempre una ofensa a Dios.
B• Existen distintos grados de pecado. Algunos son mortales y otros veniales.
C• El pecado mortal destruye la gracia santificante en el alma.
D• Para que el pecado sea mortal, deben existir simultáneamente tres condiciones:
  1. El objeto del pecado debe ser materia grave. En otras palabras, debe ir directamente en contra de uno de los mandamientos.  2. El pecado debe cometerse con pleno conocimiento de que el acto constituye un pecado grave.  3. Debe cometerse con pleno y deliberado consentimiento de la voluntad.
E• El pecado venial debilita la vida de gracia en el alma, pero no la destruye.
F• Se cometen pecados veniales
  1. Cuando el objeto del pecado es menos grave, o   2. Cuando el objeto del pecado es grave, pero se comete el pecado sin pleno conocimiento o deliberado consentimiento.
G• Los siete pecados capitales son:
  1. La soberbia  2. La avaricia   3. La envidia  4. La ira  5. La lujuria  6. La gula   7. La pereza
 Se les llama pecados capitales porque generan otros pecados y vicios.
H• Los pecados que «claman al cielo» son:
  1. Homicidio  2. Sodomía  3. Opresión, especialmente de viudas, extranjeros y huérfanos   4. Deshonestidad en el pago de jornales a los trabajadores.
I• Pecados contra el Espíritu Santo
  1. El que peca contra el Espíritu Santo se niega a pedir perdón por sus pecados.  2. Esta negación puede ser causada por la presunción.
 i. La presunción puede estar fundada en la creencia de que la persona puede salvarse sin la ayuda de Dios. En este caso, la persona cree que su propia capacidad es suficiente para llevarla al cielo.
  ii. La presunción también ocurre cuando creemos que Dios nos perdonara sin necesidad de realizar ningún acto por nuestra parte. La actitud de aquellos culpables de este tipo de presunción es «Dios lo hará. No necesito pedir perdón».
  3. El negarse a pedir perdón también puede estar fundado en la desesperación.
  i. La persona que desespera cree que su pecado es tan grande que ni siquiera Dios lo puede perdonar, ya sea porque Dios no tiene el poder para hacerlo o porque el pecado es tan grave que Dios no lo perdonará.
 4. Estos son pecados contra el Espíritu Santo porque al negarse a pedir perdón, los que cometen estos pecados rechazan la salvación ofrecida por el Espíritu Santo.
J• Cooperamos con los pecados de otros cuando:
  1. Participamos directamente y voluntariamente en el pecado de otro;  2. Ordenamos a otro a que peque;  3. Aconsejamos a otro a que peque;  4. Alabamos el pecado de otro;  5. Aprobamos el pecado de otro;  6. Ocultamos el pecado de otro;   7. No impedimos el pecado de otro, o  8. Protegemos a pecadores y a personas que obran mal.
 —El pecado es una ofensa a Dios: » Contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí «. El pecado se levanta contra el amor que Dios nos tiene y aparta de El nuestros corazones. Como el primer pecado, es una desobediencia, una rebelión contra Dios por el deceso de hacerse «como dioses», pretendiendo conocer y determinar el bien y el mal.
 —El pecado es así «amor de sí hasta el desprecio de Dios». Por esta exaltación orgullosa de sí, el pecado es diametralmente opuesto a la obediencia de Jesús que realiza la salvación  (Catecismo de la Iglesia Católica, número 1854-1855).
 —Conviene valorar los pecados según su gravedad. La distinción entre pecado mortal y venial, perceptible ya en la Escritura se a impuesto en la tradición de la Iglesia. La experiencia de los hombres la corroboran. El pecado mortal destruye la caridad en el corazón del hombre por una infracción grave de la ley de Dios; aparta al hombre de Dios, que su fin último y su bienaventuranza, prefiriendo un buen inferior. El pecado venial deja subsistir la caridad, aunque la ofende y la hiere (Catecismo de la Iglesia Católica, número 1854-1855).

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