Separación Matrimonial

Algunas parejas consideran la separación matrimonial como un paso saludable para salvar su matrimonio cuando se encuentra en serios problemas. Nos solemos decir a nosotros mismos que un tiempo aparte sanará nuestras heridas, pero usualmente, este no es el caso.

De acuerdo con un artículo publicado el 2012, en la revista USA Today*, el 79% de las separaciones matrimoniales resultan en divorcio.

Todas nuestras decisiones en relación a nuestra pareja quedan entre los dos, entre la gente involucrada (hijos) y más importante aún: Dios. Solamente Él conoce nuestros corazones. Solamente Él puede enmendarlos cuando se quiebran.

4 preguntas a considerar antes de una separación matrimonial.

1. ¿Estoy experimentando algún tipo de abuso?

En esta pregunta, también debes incluir a tus hijos si los tienes ¿Estás tú o tus hijos experimentando algún tipo de abuso físico, emocional, psicológico o sexual? Si la respuesta es «si», entonces debes salir de allí inmediatamente y pedir ayuda. Esta es la única situación por la cual puedo pensar en la separación como un siguiente paso.

2. ¿La comunicación va a mejorar en la separación?

Esta es una pregunta muy importante. Una buena comunicación es uno de los polares en una relación sana en el matrimonio ¿Realmente mejorará la comunicación en mi matrimonio si vivimos separados?

3. ¿Existe algún tipo de bloqueo?

¿Alguno de los dos está bloqueando la ÚNICA manera en la que el otro puede tomar un respiro y pensar bien las cosas? A veces las cosas se pueden volver tan intensas entre un esposo y su esposa, hasta llegar al punto de no querer ni siquiera mirarle a los ojos, escuchar su voz, oler su esencia. Esto es terrible, pero sucede. Especialmente si se ha llegado al punto de romper los votos matrimoniales, engañar o mentir. De cualquier manera, si ambos están comprometidos uno con el otro y además están comprometidos con SALVAR su matrimonio, entonces el bloqueo NO es una buena idea.

4. ¿Quieres tener un respiro o escapar de los problemas?

Es mucho más fácil decirlo que hacerlo y reconozco que se requiere tiempo, dolores de cabeza, esfuerzo y lo más importante: LA ORACIÓN que podemos elevar. Y al final tendremos un matrimonio fortalecido, intacto y saludable como nunca lo hemos imaginado.

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