Sonrie, Agradece

Hoy quiero empezar este artículo haciéndote una pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que sonreíste? No te estoy hablando de la sonrisa de foto o de selfie, sino de una sonrisa verdadera, auténtica. Una de esas que reflejan la felicidad y la paz que hay en el interior de tu corazón.

Qué importante (y, a veces, qué difícil) sonreír más allá del tiempo que estemos viviendo. Personalmente vengo de un tiempo de mucho proceso interior, despedidas, risas y lágrimas. Y para mí fue una sorpresa ver que podía sonreír aun en esos momentos donde parece imposible. Porque uno descubre que cada momento, ya sea doloroso o feliz, es un regalo de Dios donde podemos sentirnos muy amados y agradecidos con Él.

1. Estar agradecido 

Una clave muy importante a la hora de recuperar la sonrisa es poder agradecer todo lo que tenemos. Ante la dificultad es normal que nos salga la queja, y muchas veces nos hace bien expresársela a Dios.

Pero vivir siempre quejándonos solo agrega más tristeza a nuestra vida. Por eso el mejor consejo es agradecer. Porque todo lo que tenemos: nuestra vida, la fe, nuestros seres queridos, las cosas materiales básicas que necesitamos, todo es regalo de Dios que es bueno y Providente y sabe lo que necesitamos. Hoy tomate un rato para agradecerle a Dios todo lo tienes en tu vida.

2. No dejarme absorber por la rutina y ser la mejor versión de mí mismo

La rutina nos ordena y es necesaria, pero podemos perder la sonrisa si hacemos todo mecánicamente y sin ponerle un sentido profundo. Por eso la propuesta es ponerle amor a cada cosa que hagas y también ser la mejor versión de ti mismo: que significaría buscar la voluntad de Dios en cada cosa que haces.

Te propongo tener cada día un rato de oración para pedirle al Espíritu Santo que te ilumine mostrándote cuál es su voluntad para ti en este momento concreto, con tu familia, el trabajo, el estudio. Vas a ver que cuesta pero también vas a notar la sonrisa en tu rostro y la paz en el corazón.

3. Ser humildes

Puede ser que estemos prestando mucha atención a conseguir el aplauso de los demás y, cuando no lo logramos o este no llega como lo esperábamos, nos desilusionamos.

También puede pasar que nos sintamos responsables de todo, estemos llevando una carga muy pesada sobre nuestros hombros y pensemos que somos irremplazables. Todo eso puede estar llenando nuestro corazón de insatisfacción. Pero el remedio es la humildad, que nos hace ponernos en nuestro justo lugar de creaturas e hijos muy amados por Dios.

La humildad nos ayuda a fijar la mirada en Dios, que es el centro de nuestra vida, y así ser más libres frente a las miradas de los demás. También nos sirve para darnos cuenta que toda nuestra vida, todo nuestro ser, está en manos de Dios. Yo puedo poner mi 100% pero Dios es el que está atento a cada detalle y puedo abandonarme en Él.

4. Ser pacientes

En nuestra vida hay períodos tanto de dolor como de alegría y hay que aprender a abrazar la vida con todo. Puede ser que estés pasando por un momento difícil y te cueste sonreír. Lo importante es saber que es una etapa específica del camino.

Es fácil ponerse nervioso cuando cuando las cosas se complican, pero aunque no hayas llegado a la meta todavía, puedes sonreír sabiendo que estás en camino y que Dios siempre nos acompaña con su amor en cada paso.

Dejá tu comentario

Si te Gusto esta Publicación... Coméntanos...

Tu dirección de Correo NO será Publicada


*